Los enemigos postrados a nuestros pies

Josué 10:23-26
Y lo hicieron así, y sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón. Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos. Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis. Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche.

No se si lo sabián pero el nombre “Jesús” es una variante del nombre “Josué”, los dos significan “Dios salva”. Esta historia de la conquista del pueblo de Israel sobre los amorreos que habitaban la zona de Jerusalen refleja muy bien nuestra propia historia de conquista sobre nuestros enemigos.

Dios no quiere que tengamos temor hacia ellos, la victoria ya esta ganada, la ganó Jesús en la cruz, ahora el quiere que nos gozemos de esa victoria y pongamos nuestros pies sobre los cuellos de nuestros enemigos. Creo que lo principal es exponer a esos enemigos que tenemos en nuestro interior, aceptar que tenemos ese problema y traerlo delante de Jesús, con la espada de la “palabra” el se encargará de acabarlos.

Tal vez la bronca principal es que haz vivido con esos enemigos en tu interior tanto tiempo que ya estas acostumbrado a ellos y crees que son parte de ti, pero no es asi, La palabra de Dios es el verdadero modelo a seguir.

Señor Jesus, que me ayudes a sacar a la luz esos enemigos que buscan mi destruccion, esos enemigos que tengo en la parte mas profunda de mi corazón, que tal vez no se que los tengo pero estan allí, ayudame a desenmascararlos y traerlos delante de ti, y tener la humildad de obedecer tu palabra y usarala para destruirlos. quiero la victoria que tu ya has ganado para mi Señor. Amén

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